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La ‘vendetta’ de Assange por Olivia Muñoz-Rojas

Written on January 24, 2011 by Ángeles Figueroa-Alcorta in Culture & Society, News

El líder de Wikileaks le pone cara, no solo a Anonymous, sino a toda una corriente revolucionaria propia del siglo XXI. Un movimiento líquido, cibernético, en gestación, que necesitaba un icono de carne y hueso.

Al observar el fenómeno Assange que ha venido desarrollándose últimamente, parece que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo icono y estética revolucionaria. Da la sensación de que la sensibilidad iconográfica del momento ha hallado en la efigie de Julian Assange una poderosa imagen de la revolución de nuestro tiempo. Desde las portadas de los medios (incluido EL PAÍS) hasta los improvisados pósteres de Anonymous, en cuestión de semanas, el rostro de Assange ha pasado a formar parte del imaginario de este cambio de década. Puede tratarse de un fenómeno transitorio, una moda, que, como otras, pasa, o de un fenómeno circunscrito a una determinada región geográfica, especialmente receptiva a este movimiento, pero existen razones que invitan a pensar en un cambio más longevo y profundo en la iconografía revolucionaria.

La estética de un movimiento nada tiene de trivial (basta pensar en la importancia que le otorgaron los movimientos políticos del siglo XX, especialmente los de signo totalitario); por lo que merece la pena reflexionar sobre este fenómeno, y repasar brevemente las razones que sugieren un cambio en el modo de imaginar y representar la acción revolucionaria.

Podríamos remontarnos hasta 1927, a la clásica Metropolisde Fritz Lang, para hablar de imágenes urbanas distópicas o apocalípticas, aunque encontramos un referente de partida reciente y más claro en la película Blade Runner(1982), de Ridley Scott, al plantearnos esta un futuro distópico cercano a nuestro imaginario actual, caracterizado por la paradoja entre hiperdesarrollo tecnológico y un deterioro irreversible del ecosistema global. En este filme aparece un Los Ángeles en constante oscuridad y bajo una lluvia perenne, poblada por humanos y replicantes de apariencia andrógina, a merced del poder de un grupo anónimo y privado. El poder público ha desaparecido.

La estética cyberpunk y la temática distópica que popularizó esta película volvemos a hallarla en filmes más recientes, como Hijos del hombre (2006), Soy leyenda (2007) o La carretera (2009). Esta estética cyberpunk, con sus elementos neogóticos y andróginos, es la que se repite en V de vendetta (2006), de James McTiegue, cuya iconografía ha sido explotada más directamente por el movimiento que secunda a Assange. Inspirada en la novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd y, a su vez, esta en la vida del personaje histórico Guy Fawkes, el conspirador católico inglés que trató de volar la Casa de los Lores en 1605 sin éxito, V, su protagonista, viste una característica máscara blanca (también asociada a otro personaje mítico, el Fantasma de la Ópera) en la que destacan, además de la barba recortada, los ojos rasgados. Las máscaras de Guy Fawkes comenzaron a usarse por Anonymous en las manifestaciones en contra de la Iglesia de la Cienciología, al censurar esta la publicación online de una entrevista con Tom Cruise hace un par de años. Pero más recientemente, resaltando la similitud entre la palidez y los ojos de la máscara de Fawkes y los de Assange, se ha utilizado la efigie del primero para evocar la del segundo.

La imagen de Assange en los medios, tras ser puesto en libertad condicional hace unas semanas, frente a las puertas neogóticas de la Corte Suprema de Londres, vestido de blanco y negro, erigiéndose sobre los micrófonos que se cruzan delante suyo y envuelto en una luz rojiza, evocaba claramente el cartel de V de vendetta en el que aparece V sobre fondo rojo con dos espadas cruzadas, alzándose sobre la efigie de Evey Hammond (Natalie Portman) y miles de ciudadanos anónimos tocados con la misma máscara. Seguir leyendo…

Artículo publicado el lunes 24 de enero de 2011 en El País (Edición Impresa, pg. 25).

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