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Intervenir en Libia

Written on March 4, 2011 by Ángeles Figueroa-Alcorta in Africa, Democracy & Human Rights, International Law & Organizations, Middle East

Por José Ignacio Torreblanca*, Profesor Asociado del IE School of Arts & Humanities 

Lo cuenta uno de los protagonistas de la anécdota, que prefiere preservar el anonimato. Duda sobre si es el año 1977 o 1978, pero recuerda una jaima a las afueras de Trípoli. Dos jóvenes opositores al franquismo han ido a Libia a buscar apoyo para uno de los múltiples partidos políticos que intentaban jugar un papel relevante en el posfranquismo. La espera ha sido larga, pues había una larga fila de peticionarios, representantes de todos los movimientos revolucionarios del mundo, en busca de apoyo para su causa. Pero el viaje ha merecido la pena, pues al fin han podido ver a Gadafi. El coronel les ha escuchado en silencio mientras exponían su caso, y al terminar la audiencia, sin mediar palabra, les han pasado a una sala donde el contacto libio que les ha servido de interlocutor les ha preguntado a bocajarro: “¿Qué quieren: armas o dinero?”. “Solo dinero, gracias”, han respondido apresuradamente, asustados ante la franqueza de la oferta. Lo prometido es deuda, pues unos meses más tarde, en la Embajada libia en Madrid, se les hace entrega de un maletín con una importante cantidad de dinero en efectivo.

La anécdota pone sobre la mesa el principio de no-injerencia en los asuntos internos de otros países, que Gadafi reclama para su régimen, pese a no haberlo respetado en toda su vida, como prueban las 280 víctimas del atentado al avión de Pan Am que se estrelló en Lockerbie en 1988 y los 3 muertos y 229 heridos en la explosión en la discoteca La Belle en Berlín dos años antes, cuya autoría está fehacientemente atribuida a Trípoli. ¿Ha llegado, o está a punto de llegar, el momento de devolver el favor a los libios y enviar armas o dinero, lo que ellos pidan? Si se hiciera, no sería la primera vez, desde luego. En 1994, el embajador de EE UU en Zagreb informaba al Gobierno croata de que “no tenía instrucciones respecto al uso de su territorio para el tránsito de armas hacia Bosnia”, un eufemismo mediante el que Bill Clinton daba luz verde para que los bosnios violaran el embargo de armas que pesaba sobre ellos. Que Clinton diera la autorización a sabiendas de que las armas provenían de Irán, su archienemigo, y además lo hiciera a espaldas del Congreso, demuestra que los renglones de la historia solo aparecen rectos en las páginas que escriben los historiadores, nunca en las decisiones de los políticos que la hacen. Seguir leyendo…

* José Ignacio Torreblanca también ejerce como director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations (ECFR), es profesor de la UNED y columnista de El País.

Artículo publicado por El País el 4 de marzo de 2011.

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