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Mar

Por Fernando Reinares, Profesor Asociado del Master in International Relations de IE School of Arts and Humanities

Si el conflicto libio produjese desintegración estatal, vacío de poder y caos social, al-Qaeda en el Magreb Islámico y quizá un refundado Grupo Islámico Combatiente Libio dispondrían de oportunidades favorables para el terrorismo.

En el territorio libio pueden darse las condiciones que permitan una actividad terrorista por parte de grupos y organizaciones yihadistas, en concreto de al-Qaeda en el Magreb Islámico, del Grupo Islámico Combatiente Libio que podría ser refundado o de células e individuos independientes. Aunque hay indicadores políticos y sociales que no permiten descartar la posibilidad de que el Estado libio se desintegre y cunda un caos que convierta al país en espacio favorable para la extensión del yihadismo global, otros sugieren que este sería únicamente el peor de los escenarios imaginables. Pero se trata de una hipótesis que, a la luz de la componente libia en el liderazgo de al-Qaeda y de los procesos de radicalización violenta que han incidido sobre algunos segmentos de la juventud libia a lo largo de los últimos 10 años, principal pero no exclusivamente en centros urbanos situados al nordeste del país, no se debe descartar de antemano. Cualquier debate acerca de una intervención militar extranjera en Libia ha de tenerlo en consideración.

 

Sería, sin lugar a dudas, uno de los peores escenarios –si no el peor de todos ellos– que imaginarse pueda tras la crisis por la que está atravesando Libia y la eventual quiebra del opresivo régimen autocrático de Muamar el Gadafi. Pero que haya algunos grupos y organizaciones terroristas de orientación yihadista que extiendan tanto sus redes como sus actividades de violencia por el territorio de ese país norteafricano es desde luego una hipótesis verosímil, sobre la cual cabe reflexionar dejando prejuicios a un lado, con mesura y sin catastrofismos. Para que Libia, ubicada a muy corta distancia de la frontera meridional de la UE, termine por convertirse en un escenario favorable a semejantes islamistas belicosos y, por ende, foco de amenaza terrorista en torno al Mediterráneo, deberían concurrir al menos dos circunstancias. Por una parte, que se produzca un vacío efectivo de poder por desintegración de las estructuras estatales y que el caos se generalice en las principales zonas pobladas del territorio libio o en una porción sustancial de las mismas. Por otra parte, que haya actores individuales y colectivos relacionados con al-Qaeda o inspirados por la ideología de esta estructura terrorista no sólo con voluntad sino también con capacidad para aprovecharse de una situación así.

Desintegración estatal, caos y terrorismo
La desintegración del Estado ha sido habitualmente considerada, a la luz de lo ocurrido en distintos casos pasados y actuales, como una condición facilitadora del terrorismo. Es abundante y conocida, por ejemplo, la literatura sobre Estados fallidos y su relación con el establecimiento y el desarrollo del terrorismo yihadista. Aquella desintegración ofrece oportunidades especialmente favorables para la intromisión de actores que contemplen un repertorio de violencia colectiva que incluya la ejecución de actividades terroristas o para que la existencia previa de un terrorismo latente se torne en una práctica manifiesta. El caso de Somalia es probablemente el más notorio que podemos observar en nuestros días, y de ahí que se plantee una posible analogía con el futuro de Libia. En dicho país del Este de África, una organización relacionada con al-Qaeda, al-Shabaab, formada a partir de escisiones ocurridas en el sector del islamismo radical que se consolidó en buena parte de aquel territorio y mantenida gracias tanto a los procesos de radicalización violenta que habían tenido lugar en determinados segmentos de la población como a los incentivos selectivos ofrecidos por los dirigentes del grupo yihadista a cambio de reclutamiento, terminó por imponer su dominio en amplias zonas del aquel e incluso proyectar su violencia fuera del mismo.

A este respecto, no es algo impensable que en Libia lleguen a desintegrarse las estructuras oficiales y cunda el desorden por todo el país o buena parte del vasto territorio del mismo. En tal sentido, las diferencias son francamente notables respecto a Túnez o Egipto, los otros dos países norteafricanos en los que la estructura y la distribución del poder se está viendo afectada como consecuencia de las movilizaciones antiautoritarias iniciadas el pasado mes de enero en la región. Pese a que el rigor represivo y la cerrazón incentivada mediante prebendas selectivas del sistema político instaurado despóticamente por Muamar el Gadafi no parecían hacerlo tan vulnerable a la contestación popular como finalmente lo ha sido, cualquier buen conocedor de la realidad libia sabe que la fragmentación constitutiva de las mermadas instituciones estatales, incluidas instituciones estatales fundamentales como las Fuerzas Armadas y los servicios de seguridad, era más acusada de lo que parecía y esta característica institucional del país se ha agudizado desde el inicio de la crisis. Seguir leyendo…

Artículo publicado por el Real Instituto Elcano el 11 de marzo de 2011.

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