20
May

Por Haizam Amirah-Fernández,  Profesor Asociado de IE School of Arts & Humanities. 

Es probable que el discurso que ayer pronunció el presidente Barack Obama sobre los cambios en los países árabes no haya dejado plenamente satisfecho a nadie -tal vez ni a él mismo-, pero puede marcar el comienzo de una nueva etapa entre Estados Unidos y los países árabes y musulmanes. El Magreb y Oriente Medio están experimentando cambios acelerados que no sólo afectan a la relación entre cada Estado y su sociedad, sino que tendrán implicaciones profundas en las complejas relaciones internacionales de la región. A pesar de las incertidumbres que existen, parece que Washington es la capital occidental donde mejor se están sabiendo interpretar las causas de esos cambios, pero también las grandes oportunidades que pueden acompañarlos.

Obama ha querido fijar las prioridades de la política exterior estadounidense en esta nueva etapa, y para ello ha recurrido a sus mejores dotes oratorias para presentar un análisis sin ambages, inimaginable antes de la caída de Ben Ali en Túnez y de Mubarak en Egipto. Sus conclusiones son claras: “en demasiados países, el poder se ha concentrado en las manos de unos pocos”, “las estrategias de represión y de desviar la atención ya no funcionarán”, “el statu quo no es sostenible” y que “a través de la fuerza moral de la no violencia, las gentes de la región han conseguido más cambios en seis meses que los terroristas en décadas”. El resumen del discurso bien podría ser que si no cambia el enfoque norteamericano hacia esa región, se corre el riesgo de “ahondar la espiral de división entre Estados Unidos y las comunidades musulmanas”.

El nuevo enfoque que defiende el presidente estadounidense estará centrado en el apoyo a las transiciones ya iniciadas en Túnez y Egipto, así como a las que puedan venir después, con un fuerte componente de desarrollo económico. Para ello se ofrece una combinación de ayudas directas y medidas para una mayor integración en la economía mundial, pero también de “ayuda a los nuevos gobiernos democráticos para recuperar activos robados”. La Unión Europea está llamada a contribuir activamente al desarrollo económico y político que piden sus vecinos del sur, por lo que será importante que haya una buena coordinación transatlántica y una idea clara de los objetivos y de los instrumentos disponibles. Seguir leyendo…

Haizam Amirah Fernández es también investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano.

Artículo publicado por El País el 20 de mayo de 2011.

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