11
Sep

Al-Qaeda ha tenido éxito en persistir como estructura terrorista, extender el yihadismo global  y condicionar las políticas de seguridad. Pero ha fracasado en socavar socioeconómicamente al mundo occidental, movilizar a las sociedades musulmanas y evitar la pérdida de Osama bin Laden.

Por Fernando Reinares, Profesor Asociado de IE School of Arts & Humanities

A diez años del 11-S, ¿en qué medida es posible hablar de los éxitos o logros de al-Qaeda en tanto que estructura terrorista con estrategia? ¿O es que su trayectoria reciente puede, por el contrario, ser más bien interpretada como la historia de un fracaso? A este respecto, una reflexión sobre los resultados del terrorismo global, transcurrida una década desde los atentados en el World Trade Center y el Pentágono, requiere prestar atención a distintas facetas internas y externas a la propia al-Qaeda. Aspectos relacionados, por una parte, tanto con su situación actual como con su trayectoria organizativa. Y, por otra, con el impacto estructural que han tenido las actividades terroristas de al-Qaeda sobre el mundo occidental respecto al cual ha dirigido su agresiva retórica al igual que entre las sociedades musulmanas donde se encuentra su población de referencia. Así pues, a continuación se ofrece un somero análisis de lo que cabe considerar como éxitos de al-Qaeda y su terrorismo global, seguido de un tratamiento en el que ello se contrasta con lo que es posible entender como fracasos atribuibles a dicha estructura terrorista.

Éxitos de al-Qaeda
Al-Qaeda ha persistido hasta el presente, lo que tratándose de una organización terrorista es ya un éxito. Pero la estructura terrorista formada en 1988 y que continúa existiendo en la actualidad es muy diferente a la de 2001. Si entonces contaba con un vasto santuario al amparo de las autoridades de un país, Afganistán, donde entre otras infraestructuras disponía de campos de entrenamiento con capacidad para adiestrar y adoctrinar simultáneamente a centenares de musulmanes extremistas procedentes de numerosos lugares del mundo, hoy sus infraestructuras dedicadas a tales tareas son mucho más reducidas, aptas para no más de una docena de extremistas y confinadas en enclaves muy concretos de las indómitas zonas tribales al noroeste de Pakistán. Si hace diez años contaba con varios miles de miembros propios, en estos momentos difícilmente podría hablarse ya de algunos centenares. Si al-Qaeda ideó, planificó, preparó y ejecutó por sí misma, con militantes bajo su obediencia directa, los atentados del 11-S, al igual que otros perpetrados en la Península Arábiga y el Este de África durante la segunda mitad de los noventa o en esas mismas regiones y el Norte de África en 2002, en estos momentos difícilmente podría ir más allá de la ideación o planificación de similares actos de terrorismo.

Además, numerosos dirigentes de al-Qaeda han sido detenidos o abatidos, especialmente en el territorio paquistaní al cual huyeron de la intervención militar liderada por Estados Unidos en Afganistán tras los atentados de Nueva York y Washington, cuya consecuencia más inmediata fue el derrocamiento del régimen talibán que cobijaba a aquella estructura terrorista desde 1996. Aunque esta se venía mostrando asombrosamente capaz de reemplazar a sus responsables encarcelados o muertos, la cadencia, crecientemente acelerada, de esos cambios a los que se veía abocada, fueron incidiendo negativamente sobre la dinámica organizativa de al-Qaeda y su conducta operativa. Pese a todo, no ser derrotada es clave en su métrica de éxito desde pocos años después del 11-S, según una estrategia de desgaste adoptada al menos a partir de 2004. Pero esta estrategia, que proyectaba hacia el exterior una imagen de indestructibilidad, ha sufrido un enorme quebranto al perder, el pasado mes de mayo, a Osama bin Laden, líder fundacional y carismático de la estructura terrorista. Y, por cierto, otro de extraordinaria importancia con la desaparición, en agosto, de Attiya Abdelrhaman, desde hacía tiempo el auténtico gestor de al-Qaeda. Seguir leyendo…

Fernando Reinares es también investigador principal de Terrorismo Internacional en el Real Instituto Elcano; y catedrático en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos.

Artículo publicado por el Real Instituto Elcano el 6 de septiembre de 2011.

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