25
Apr

Gana la libertad. Gana Europa.

Francia se aleja del caos. Europa respira. Gana Macron en la primera vuelta.

La victoria de Emmanuel Macron en esta primera vuelta ha supuesto un enorme alivio para todos los demócratas. Francia estaba en entredicho y no podía permitirse el lujo de navegar en las procelosas aguas del populismo que no llevan más que al caos, a la pérdida de libertades y en definitiva, a la pérdida de la tan venerada democracia, por la que tantos murieron en el pasado. Los valores de Francia, Libertad, Igualdad y Fraternidad en manos del populismo extremista son como una cabaña de paja en medio de un huracán. No habrían sobrevivido. Hoy todos podemos respirar tranquilos, porque el candidato ganador, que será con toda probabilidad el próximo presidente de Francia, -un independiente por primer vez en más de cuarenta años- es, a pesar de todo, un candidato del “sistema”, con el que los franceses podrán estar tranquilos. Renovación pero sin sobresaltos. El segundo puesto de Marine Le Pen, y los comentarios de los otros candidatos sobre hacia donde deberían ir sus votos en la segunda vuelta aparentemente dan un cierto margen de seguridad a Macron, que si los pronósticos siguen siendo válidos será el próximo presidente de Francia. Las ultimas encuestas dan un 62% de votos en segunda vuelta para Macron.

El panorama hace unos días no podía ser mas desalentador. Los sondeos pronosticaban que el FN (el Frente Nacional de Marie Le Pen) y la France Insoumise (el partido de JM Melenchon, un radical izquierdista del estilo de Podemos) tenían posibilidades de gobernar en Francia. De los otros tres candidatos del sistema, uno de ellos, el del PS (Partido Socialista), Benoit Hamon decidió suicidarse con una política social y económica casi idéntica a la de Melenchon, lo que en cierto modo le apartaba del “sistema”, y los otros dos, Francois Fillon (Les Republicains) y Emmanuel Macron (En Marche), han optado por superar sus problemas electorales derivados en el caso del primero de las acusaciones de corrupción y en el del segundo, a la postre el ganador, de su falta de experiencia y partido, e incluso de sus orientaciones sexuales, algo que en país moderno y libre como Francia se ha visto que no tiene el menor impacto. Sin duda unas elecciones reñidas que pasarán a la historia de este país como unas de las más decisivas por lo que estaba en juego en esos días, que verdaderamente era mucho más que la presidencia francesa.

El mundo no atraviesa su mejor momento, con el Brexit y Trump como claros exponentes de lo que suponen los populismos. La democracia ha sido capaz de dirigir el destino del mundo occidental de manera razonablemente óptima desde la segunda gran guerra hasta la crisis de 2007. A partir de ese momento, el llamado pueblo y las élites gobernantes decidieron caminar por senderos divergentes y se empezó a consumar una desviación que no ha parado, y que ha sido caldo de cultivo para todo tipo de grupos de diversa ideología cuyo único nexo común es verdaderamente la negación del modelo actual.

Francia es uno de los países de todo el mundo con mejor nivel de vida. El Estado de Bienestar francés ha llegado a cotas elevadas. La seguridad es razonable (el número de muertos por violencia es muy inferior al de EEUU), y aparentemente no debería haber razón para tanto descontento. Pero sin duda sabemos que lo hay. Y el problema principal de estas elecciones ha radicado ahí. Por un lado, una parte de la población siente como extraños no sólo a los inmigrantes (cosa bastante común en la mayoría de sociedades) sino que siente como extraños a los hijos y nietos de los inmigrantes. Y eso genera un malestar perpetuo que no tiene otra solución que el psiquiatra. Por otro lado, esos inmigrantes de segunda o incluso tercera generación , que no tienen otro país que Francia, que no tienen más que una muy lejana cultura de origen, también se sienten incómodos ante esa Francia que de manera minoritaria pero evidente les rechaza y les hace sentir como extraños en su propio país.

Y luego está Europa, a quien muchos culpan de los males interiores sin darse cuenta jamás de las bondades que trajo a su sistema de valores, a su fortaleza como nación y a su convivencia. El sueño europeo está a salvo.

Dicho todo esto, lo cierto es que al final los franceses han optado por el rigor, la prudencia, y la coherencia con el modelo heredado. Francia ha elegido su mejor opción, la que le permitirá hacer las reformas necesarias dentro de la estabilidad, renovarse desde dentro, sin fuegos de artificio o experimentos, que visto lo visto, en política siempre llevan a desastres cuya magnitud es en principio desconocida, pero se intuye muy peligrosa. Macron esta cerca de la victoria, muy cerca, pero aún tiene que ganar. El 7 de mayo será decisivo.

Waya Quiviger

Directora Ejecutiva, Master en Relaciones Internacionales

IE School of International Relations

 

Publicado el 24 de abril en Expansión

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